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Vicente Pedregal Galguera

“Hace muchos años que se viene gestionando para obtener del Gobierno recursos para evitar la completa ruina del histórico monumento; pero hasta ahora nada ha adelantado, y por las trazas, así continuaremos hasta que... sobrevenga la catástrofe.”
“Se encuentra en inminente peligro de convertirse en un montón de ruinas.”
“Asturias”, de Canella y Bellmunt, pág. 18.

Fotografía de J. García.

Apareció en la portada de la Revista Asturias con el siguiente pie: “La Iglesia de Abamia (Cangas de Onís), primer panteón de los Reyes de Asturias. Si el patriotismo existe debe acudir presuroso a reparar ese monumento nacional, cuyo estado actual es verdaderamente deplorable”.

Y la profecía se cumplió. No bastó el llamamiento que los hermanos G. Ceñal hicieran aquel año de 1897. Ni el ¡alerta! de otros celosos defensores de las glorias de la tierrina. El pronóstico es hoy realidad. La fotografía dice más que nosotros pudiéramos aducir. Y aunque reciente, no refleja ella el estado actual de las ruinas del templo donde aún se conservan los despojos del sepulcro de Pelayo. La piqueta demoledora de los elementos, hiere a diario las ruinas del templo, que parece aún esperanzado y conserva, al menos, sus muros robustos, confiando en que ¡al fin! una mano protectora se apiade de ellos.
No quisiéramos nosotros que nuestra crónica de hoy fuera una lamentación más, que conmoviera momentáneamente el alma astur, sino un latigazo, que llegar más allá de la corteza insensible con que la idiosincracia asturiana blinda su noble corazón. Quisiéramos en nuestra pluma calor bastante para derretir la capa de apatía que cubre nuestra sensibilidad, como el carácter del hidalgo venido a menos, que se enorgullece de su abolengo y sestea indolente, mientras se derrumba la “casona” de sus mayores. Quisiéramos que nuestra propuesta-porque protesta, hija de un entusiasta de las cosas de Asturias, es nuestro escrito-sirviera de punto de apoyo, para que al fin se emprendiera, sin más demora, la reparación de ese monumento nacional, que es baldón y oprobio para los españoles y de modo especial para los hijos del Principado, abandonar en esa situación.
Porque es vergüenza que, ese templo medioeval, que aparte del mérito nacional, tiene el artístico, (que no reconoce fronteras y es de humanidad), se derrumbe, en perjuicio del arte y de la historia.
Ese turismo tan en boga ¿será el llamado a conseguir lo que el patriotismo no logró?... Pues a él nos acogemos, si él ha de amparar nuestro clamor. Haga el milagro y suyo será el aplauso, que nosotros iniciaremos gustosos. A sus valedores nos dirigimos.
Del interior del templo de Abamia, nada queda. Ni sus bóvedas,ni los suelos de castaño, que con sus cuadrados tablones señalaban los sepulcros de la iglesia antañona. Ni las toscas pinturas que en el grabado se ven sobre el retablo, de las que ya sólo quedan vestigios. Lo mismo ocurre con las del Calvario, también murales, de las que apenas puede descifrarse la de la estación XII.
Sólo el sepulcro de Gaudiosa, tiene perfectamente legible el epitafio: “HEIC IACET R.ª GAUDIOSA, UX-OR, Rs PELAGII” en mala hora retocado modernamente para mayor claridad y menor mérito.
El de Pelayo, “partido por gala en dos”, empleando frases del poeta, muestra al lado de la epístola tan solo la mitad de la tosca espada del héroe de Covadonga.
En el antiguo recinto de la iglesia nada queda de antaño. En él crecen - destacándose sobre líquenes y helechos gigantes- once acacias, de las que cuatro más precoces, llegan a asomarse sobre los altos muros en competencia con el desnudo arco que vio derrumbarse a su gemelo.
Aquellos se conservan enhiestos; sólo faltan las bóvedas. Pero la bella portada bizantina, con su rica cuarta archivolta, en que dragones, reptiles, sepulcros entreabiertos que dejan paso a los muertos ya incorporados, parecen representar la resurrección de la carne, y las calderas, hoguera y tenazas, las penas eternas; esa está intacta y aún favorecida por la desaparición del derruido pórtico, que ocultaba sus bellezas. Como lo está el airoso ajimez del ábside con su columna en el centro y sus flores de relieve. Y la portada del Oeste, próxima a la pila, enclavada en la parte exterior del muro, en la que campea la “Cruz de la Victoria”. Y los capiteles, y el arco toral, que aunque iniciado en ojiva como esta última portada, conservan restos románicos en su ornamentación.
Todo eso es aprovechable, no lo dejemos perder. Y ahora, sin más vacilaciones, debe ser reparado, pero bajo la dirección de persona experta, porque tememos que las manos reformadoras profanen por falta de gusto artístico o carencia de cultura y de amor a lo tradicional lo que vio la luz de tantos siglos y hubo de desmoronarse precisamente en el de las luces.

Llanes, Abril de 1929.

Fuente: Revista Asturias, Gijón, año II, núm. 5, abril de 1929. El escritor Vicente Pedregal Galguera (Llanes, 1881 - León, 1959), colaboró desde muy joven en El Oriente de Asturias y otras publicaciones asturianas. Además de su labor como articulista, publicó varios libros, dedicados en su mayoría a la historia y cultura de su concejo natal.