A JOVELLANOS, EN LA TRASLACIÓN DE SUS CENIZAS EL 20 DE ABRIL DE 1842
Canción heróica.
¿Oyes, Jovino, desde el alto cielo Con tu ilustre familia reunido Al pueblo de Gijón reconocido Tu nombre bendecir? Blasón, modelo, Su gran timbre serás. Caro presente Le dejaste al morir; entusiasmado Acatando el riquísimo legado Besa tu cenotafio, reverente. ¡Oh templo del Señor, templo divino! Aquí a tu abrigo, a par de tus altares Descansará la sombra de Jovino. Besen su pie los opulentos mares. Muere el hombre vulgar, y oscurecido Cediendo de los tiempos al ultrage Se pierde en los abismos del olvido. No mi Jovino así; dánle homenage Los siglos al pasar, como a la roca De escelsa frente que al olimpo toca; O bien cual ledo río que embellece, Riega y fecunda dilatada vega: A todas las edades pertenece, Y un siglo al venidero se le entrega. Le estudio el sabio; y penetrada el alma De noble emulación, canta y repite Tan bello nombre; a consagrar su palma Viene también al fúnebre convite; Siente de inspiración la ardiente llama, Y es Jovino en su tumba quien le inflama.
Epitafio.
Por qué visten Gijón y el Instituto Brillante gala con funesto luto? Pasagero, detén! El magistrado De alto saber, el hombre incorruptible, Cuyas virtudes te dirá la historia, Yace bajo esta losa cineraria. Paz! bendición, depósito sagrado! Quién será indiferente a tu memoria? Hoy te tributa el corazón sensible Llanto de amor en pompa funeraria. Grande es tu nombre, universal su gloria.
E. de LL.
Fuente: Gentileza del "Museo de la cerámica y los relojes Basilio Sobrecueva". Se ha respetado la ortografía original, corrigiéndose únicamente la acentuación.
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