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Miguel Rojo

La historia ha dejado en la comarca oriental con el pasar de los años un patrimonio arquitectónico envidiable. Al atractivo de sus playas, sus pueblos de montaña y su agreste entorno natural, el turista que se aventura por estas tierras suma en su catálogo de visitas ineludibles un gran número de iglesias, torreones, cuevas y edificios civiles. La transformación definitiva del Oriente asturiano en destino turístico ha hecho que los ayuntamientos y el Principado se hayan lanzado a velar por la integridad de los inmuebles en peor estado de conservación. Para ello, se ha iniciado la restauración de un buen número de templos en los últimos años y, lamentablemente, la polémica ha estado presente en varios de ellos.

Y es que, en ocasiones, la capa de maquillaje proyectada para estas iglesias no es del agrado de los vecinos. En el caso de Santa Eulalia de Abamia, en Cangas de Onís, el conflicto ha alcanzado ya cotas importantes. La ejecución de la obra hizo que los vecinos y la asociación que impulsó la recuperación del templo pusiesen el grito en el cielo, al observar que el proceso de restauración suponía la colocación sobre los sillares y contrafuertes del templo de una capa de estucado que revestía las piedras que, a ojos de los vecinos, debían quedar a la vista. Paralización de la obra, posiciones encontradas, estudios y una rectificación que, en las últimas semanas, se ha concretado en la retirada de la capa que se había aplicado sobre los enormes contrafuertes románicos del templo.

Ni siquiera los expertos son capaces de ponerse de acuerdo sobre la idoneidad de las actuaciones: recuperar el estado original de los templos, en muchas ocasiones recubiertos de estuco, o restaurar la imagen que nos ha llegado con el paso del tiempo, con las piedras desnudas. Los vecinos de la localidad abogan por esto último, y por ello han lanzado una campaña de recogida de firmas con el apoyo de montajes fotográficos en los que se observan monumentos como Santa María del Naranco o San Miguel de Lillo cubiertos por una capa de revoco.

Ya en 1999 surgió una polémica similar cuando se acometió la restauración de la iglesia de San Antolín de Bedón, en el concejo de Llanes. El resultado final tampoco fue del agrado de muchos, lo que algunos expertos achacan, entre otras cosas, a la falta de estudios previos de entidad. También se ha criticado la falta de cuidado una vez concluida la obra. Los vecinos dicen que, ahora mismo, no hay mantenimiento y la iglesia está «abandonada».

Al parecer, estos errores vuelven a repetirse. El Principado dio marcha atrás y decidió retirar el revoque de los contrafuertes en la iglesia de Abamia, pero la discusión continúa, ya que hay opiniones discordantes sobre el asunto. Los daños denunciados por los ecologistas en los tejos que adornan las cercanías de la iglesia no ha hecho más que echar un poco más de leña al fuego.

En otros lugares, como en Infiesto, fue el empeño de los vecinos y el hecho de que era un colectivo el que, a título particular y con ayudas de las administraciones, había afrontado la rehabilitación del templo de San Juan de Berbío, el que consiguió que la imagen final tras la recuperación no supusiese un cambio radical en la imagen del templo. La iglesia románica luce en la actualidad sus piedras desnudas, tal y como lo viene haciendo en los últimos siglos.

Una actuación similar se llevó a cabo en la iglesia de Santa María de Llás, en el concejo de Cabrales. De nuevo los expertos decidieron cubrir las piedras con un revoque, así como los enormes contrafuertes del ábside. En esta ocasión, los vecinos acataron la decisión y la actuación no supuso polémicas. Y es que el deterioro del templo hizo ver a todo el mundo que cualquier actuación sería beneficiosa. La capa amarilla que cubre la espadaña y los enormes contrafuertes sólo hicieron que algunos comentasen que el resultado era, cuando menos, chocante.

La ejecución de obras similares tiene ahora a los vecinos en tensión, ya que no saben ni siquiera el criterio que se seguirá para llevar a cabo la recuperación de sus templos. Un ejemplo es la rehabilitación de la iglesia de Santa Eulalia de Ques, en Piloña. Se están llevando a cabo los estudios para su restauración y, entre otras actuaciones, está prevista la recuperación de una puerta que había sido tapiada en el siglo XVIII. Pero, ¿hasta que punto se deben llevar a cabo esos arreglos? ¿Dónde está el límite para la recuperación de la imagen originaria del templo? Éstas y otras preguntas se contestarán según vayan avanzando las obras. Los vecinos de la localidad piloñesa esperan, eso sí, que no haya improvisaciones.

Artículo de Miguel Rojo, publicado en El Comercio, de 24 de diciembre de 2007.