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Javier G. Caso

Cultura sigue sin aclarar algunas cuestiones pendientes en una restauración casi finalizada.

Transcurridos varios meses desde que se iniciaran las obras de restauración de la iglesia de Santa Eulalia de Abamia, en la localidad canguesa de Corao, y con el grueso de la actuación ya finalizado, 2008 arranca con toda una serie de incertidumbres respecto a una actuación a la que ha acompañado la polémica casi desde su origen.

En diciembre se retiró parte del mortero que cubría los contrafuertes de la iglesia, una solución que sólo a medias satisfizo a la asociación cultural Abamia, verdadera impulsora de la recuperación de Santa Eulalia,monumento nacional en 1962. A partir de ahí y de cara al futuro, todo son incógnitas. Está por ver si la consejería de Cultura por fin se aviene a la retirada total del estuco que cubre los muros exteriores de la iglesia sin distinguir la piedra de mampostería de los sillares de gran tamaño, y cuyo color amarillento y su mala ejecución no dejaron de ser denunciados por la asociación Abamia, cuya reivindicación principal pasa porque la antigua iglesia parroquial de Corao recupere su estampa anterior a las obras: la de un templo con su piedra vista.

Por el momento tampoco parece haber ninguna decisión definitiva respecto a la reubicación dentro de la iglesia de las lápidas sepulcrales atribuidas por la tradición al rey Pelayo y a su esposa Gaudiosa. En un primer momento, y una vez que se desmontaron los arcosolios bajos los que se ubicaban, a ambos lados de la nave Abamia, el Principado valoró su traslado a los pies de la iglesia. La medida cuenta con el rechazo de los vecinos, quienes reivindican la reconstrucción de los arcosolios y el retorno de las lápidas a su emplazamiento original. Tampoco ha dicho nada Cultura sobre una posible intervención en la portada meridional de Abamia, muy afectada por los hongos, ni tampoco sobre los plazos para restaurar las pinturas murales.

Además los vecinos también rechazan la instalación en sus aledaños de bolardos y bancos de piedra en torno al lugar dónde se levantó el dolmen de Abamia. La actuación supuso la excavación de cimientos bajo la copa de unos tejos y mereció una denuncia pública.

Artículo de Javier G. Caso, publicado en La Voz de Asturias, de 4 de enero de 2008.