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Enrique Gracia Trinidad

A la sombra de un tejo se disuelven
la vida, la existencia, las palabras.

Harto de sus paisajes inventados,
Gato quiso quedarse allí, perderse
bajo la sombra misteriosa y dura
de aquel árbol, testigo celta y mudo
de prodigios, hazañas y esperanzas;
junto al templo de Abamia donde el tiempo
deja de ser feliz para ser nada;
donde las lagartijas atesoran
el sol en escondrijos milenarios,
donde el valle se dobla de nostalgia
recordando batallas y conjuros.

Pero llegaban coches, gentes, ruido,
el tejo había olvidado su función
redentora, su casta de guerrero,
la pasión por los arcos y las pócimas,
la caricia secreta del drüida,
el mozárabe rito de los monjes
en el templo de la valiente Eulalia.

No hubo nada que hacer, Gato volvió
sobre sus pasos sin mirar atrás.

Enrique Gracia Trinidad
Sin noticias de Gato de Ursaria, III Premio Emilio Alarcos, Madrid, Visor Libros, 2005, p. 30.