Fundación de Santa Eulalia de Velamio
Edificó asimismo Don Pelayo la Iglesia de Santa Eulalia, que tomó el nombre de la Sierra de Velamio, una legua pequeña de Covadonga; a la cual Iglesia parece se recogieron algunos Monjes de los que se habían venido a Asturias; porque de algunas escrituras antiguas consta, que esta Iglesia ha sido Monasterio, y el Padre Yepes lo afirma, en el año de 737. (...)
Muerte, y sepultura de Don Pelayo, y de la Reina Gaudiosa
No cuentan las Historias el fin que tuvo la hermana de Don Pelayo, ni aún hacen mención de la muerte de su mujer Gaudiosa; pero se colige de ellas que murió primero que su marido, y fue enterrada en la Iglesia de Santa Eulalia de Velamio, que hemos dicho. Finalmente, después de tantas y tan grandes victorias como de los Moros alcanzó Don Pelayo, murió de enfermedad en la Villa de Cangas de Onís, cerca de Covadonga, donde fue su principal residencia, como el Arzobispo y el de Tuy señalan, año de nuestro Redentor de setecientos y treinta y siete, habiendo reinado diez y nueve años enteros, como afirman los tres Prelados más antiguos, a quienes sigue Morales. Enterrose asimismo en la Iglesia de Santa Eulalia de Velamio; pero ni él, ni la Reina fueron sepultados dentro de la Iglesia, porque no se acostumbraba entonces en España enterrar en las Iglesias los difuntos; pero habiendo alargado después aquella Iglesia, el lugar de la sepultura de Don Pelayo quedó dentro de ella, y llaman al lugar donde estuvo, Cuerpo Santo. El lucillo de la Reina está al presente fuera, vacío, y sin cubierta, porque el cuerpo fue después trasladado con el de Don Pelayo a la Iglesia de Covadonga. Allí enseñan los Canónigos una sepultura enfrente del Altar mayor, que dicen es la de Don Pelayo; y dentro de la Capilla, a un lado del Altar, está otra sepultura de piedra levantada, y en alguna manera bien labrada, que dicen es de la hermana de Don Pelayo; pero Morales, y otras personas de buen juicio, tiene esta sepultura por la del mismo Rey, y no por la de su hermana, porque parece se labró muchos años después, cuando el cuerpo fue trasladado a ella, donde juzgan que también están los huesos de la Reina, juntamente con los del Rey, y que la sepultura vieja, que dicen es de Don Pelayo, es sin duda del Rey Don Alfonso su yerno, como en su lugar se dirá. El grande y general sentimiento que en todos causaría la muerte, y pérdida de tan buen Rey, y cuan desconsolados quedarían los suyos, no es menester decirse, pues de lo que hemos referido se puede colegir la gran pérdida, y falta de un Príncipe tan valeroso, tan afortunado, tan apacible, tan piadoso, y Santo, como fue Don Pelayo.
Fuente: Antigüedades y Cosas Memorables del Principado de Asturias, Salinas, Ayalga ediciones, 1984, pp. 121-123. |